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Dedicado a los compañeros navegantes que recalen en esta página y a mi padre que durante muchos años ejerció el noble y áspero ejercicio de pedir justicia.

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   Nuestra labor no es un estudio sino un asalto y, a semejanza de los esgrimidores, nuestro hierro actúa siempre sometido a la influencia del hierro contrario, en lo cual hay el riesgo de perder la virtualidad del propio.

        Hemos de afrontar constantemente el peso de la injusticia. Injusticia hoy en el resultado de un concierto donde pudo más la fuerza que la equidad; injusticia mañana en un fallo torpe; injusticia otro día en el cliente desagradecido o insensato; injusticia a toda hora crítica apasionada o ciega; injusticia posible siempre en lo que, con graciosa causticidad llamaba D. Francisco Silvela "el majestuoso azar de la justicia humana" En cuanto estas injusticias nos preocupen, perderemos la brújula para el porvenir o caeremos rendidos por una sensación de asco".

      En las batallas forenses se corre el peligro de verse asaltado por la ira, pues nada es tan irritante como la injusticia: Pero la ira de un día es la perturbación de muchos, el enojo experimentado en un asunto influye en otros cien. Ira es antitesis de ecuanimidad. De modo que no puede haber Abogado irascible.

 

El alma de la toga

Angel Ossorio