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En cierta ocasión
nos visitó Mercedes (nombre supuesto) habían firmado unas capitulaciones hacía un
tiempo. Les había aconsejado un abogado muy amigo de la familia que los apreciaba y
quería.
Tenían un restaurante en el que Mercedes
había trabajado durante 20 años en la cocina. Él se ocupaba de la Administración,
compras atención clientes... Aparte de ello, la vivienda familiar y un apartamento
en la playa.
Mercedes sólo había recibido dinero para la
casa del restaurante, no tenía ni idea de lo que se sacaba de allí. Hace unos años y
para evitar riesgos, el marido de Mercedes le había propuesto hacer unas capitulaciones
por si algo iba mal en el restaurante, podían tener una inspección de hacienda o una
reclamación de un trabajador, o de sanidad... Pondrían el restaurante a nombre de él en
una sociedad, y lo demás a nombre de ella, es decir el piso y el apartamento. Las cuentas
estaban sólo a nombre de él, con lo que Mercedes no podía disponer, ni saber lo que
había en ellas, ni siquiera conocía en que banco las tenía.
Al cabo de un año él le planteó la separación,
manifestándole que debía abandonar el piso, vino a nuestro despacho con las escrituras
en las que efectivamente el restaurante figuraba a nombre de él y el usufructo del piso y
del apartamento a nombre también de él, por lo que ella tenía la nuda propiedad. Es
decir, mientras él viviera, no podría disponer ni utilizar ambos inmuebles.
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