Abogados penal

TORTOSA DEL CARPIO

“Una de las manos cae inerte, en acto de desaliento; la otra, sobrespuesta, vuelve la palma en alto, como la del pobre que demanda la caridad. La fortuna mía ha sido que yo haya visto, tantas veces, en el curso de la vida, tenderse hacia mí aquella mano abierta, en espera de limosna. 

El nombre mismo del abogado suena como un grito de ayuda. Advocatus, vocatus ad, llamado a socorrer.

La otra palabra cliente, que sirve para denominar a aquel que solicita ayuda: el cliente en la sociedad romana, pedía protección al patrono.

No es un oficio que goce del favor del público, el del Cirineo.

El abogado comparte con el imputado la necesidad de pedir y de ser juzgado. Está sujeto al juez como lo está el imputado.

Los romanos denominan la actividad del abogado en el proceso con el verbo postular. Dicen los diccionarios que este verbo significa pedir aquello que hay derecho a tener. Y es esto lo que agrava el peso de pedir. En conclusión, es necesario someter el propio juicio al ajeno”.

Carnelutti

 

 

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